La titulación de Arquitectura por la Universidad de Zaragoza comenzó a impartirse en el curso 2008-2009. La coincidencia temporal de su arranque con el proceso de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), plantea la oportunidad -y la necesidad- de desplegar su plan de estudios de forma innovadora, incorporando los más avanzados sistemas de formación y aprendizaje en un grupo reducido de estudiantes y con un claustro de profesores adecuado en el marco del Centro Politécnico Superior (CPS).
El largo proceso que ha conducido a la implantación del Grado de Arquitectura en la Universidad de Zaragoza ha provocado una demora importante en un proyecto impulsado desde hace décadas y ampliamente demandado por los profesionales y por la sociedad civil aragonesa, pero al mismo tiempo ha permitido la maduración de dicho proyecto. Porque ahora los estudios de Arquitectura se desarrollan en una ciudad que cuenta con docentes cualificados y con capacidad para atraer tanto a profesores como a profesionales de Zaragoza o de otras escuelas españolas y extranjeras.
En un momento en el que la figura del arquitecto está en rápida y continua redefinición, es importante entender que también los conceptos y metodologías de formación de los futuros profesionales deben actualizarse y renovarse en profundidad. En ese sentido, la titulación, además de identificarse por su eficacia y rigor, debe adoptar y apostar tanto por “visiones globales” como por “actitudes locales”. Visiones globales que se corresponden con la necesaria internacionalización y el intercambio que debe propiciar el proceso de convergencia europeo. Y actitudes locales entendidas como compromiso con nuestro entorno urbano y territorial próximo. Es decir, con la ciudad de Zaragoza, Aragón o las comunidades limítrofes.
Porque la formación de los estudiantes de arquitectura en la Universidad de Zaragoza se realiza en un nodo de la red global de escuelas y centros, adoptando un modelo de educación arquitectónica de fuentes abiertas, una red de estudiantes y expertos donde circulan las ideas y se intercambian las metodologías de aprendizaje de la profesión. Es así como se producen las necesarias respuestas a las nuevas realidades de la arquitectura, ya sea entendida desde su amplio - aunque incierto- marco laboral, como desde la incorporación de nuevas tecnologías y maneras de pensar o proyectar, de intervenir en las ciudades, en los paisajes o en los entornos construidos susceptibles de mejora y recuperación.